1 de July de 2013

En medio de los bosques segovianos, a más de mil metros de altura sobre el nivel del mar. En una pequeña finca rodeada por cafetales agitados al viento, la relativa calma que se vive una mañana cualquiera se rompe con el llanto de unos pequeños. Han bajado cargados a hombros por sus madres, quienes han caminado en medio de brisa y fangales, para no perder la cita mensual con enfermeras y en ocasiones, médicos de Quilali, que visitan El Palmital.


El equipo de salud llega a El Palmital con el objetivo de llevar un control de las niñas, niños y madres embarazadas que ahí viven. Contaron ya. Asistirán a 29 niños menores de dos años y 3 embarazadas. Se les tomarán talla y peso, para detectar cualquier anomalía en su crecimiento y período de gestación.


Entre quienes asisten esta, Feldi Ferrera, una niña aún - según la ley- pues tiene sólo 16 años de edad pero ello no impide que sea madre y cargue en brazos a un pequeño de 3 meses, a quién amamanta al tiempo que conversa. Su situación, se replica ante nuestros ojos como reflejos en otros 28 espejos. Estaban todas ahí, sentadas en un banco o de pie, niñas arrullando niños. Una situación, lamentable aunque común en el campo, donde el porcentaje de embarazos en adolescentes entre los 15 y 19 años es de 139 por cada 1000, lo que también repercute negativamente en el índice de escolaridad promedio que es de 6.8 años, puesto que, la mayoría de estas madres que esperaban para ser atendidas, ya han dejado la escuela para dedicarse a la casa y ahora a sus hijos.


Pero en medio de esta situación hay una buena noticia: la reducción de las muertes maternas y neonatales de 76.5 en 2007 a 67.0 en el 2010, gracias a la suma de muchos esfuerzos y a la implementación del Programa Comunitario de Salud y Nutrición PROCOSAN, ejecutado por el Ministerio de Salud y apoyado por UNICEF.


“Cuando estaba embarazada yo venía aquí y ellos me cuidaban. Me dijeron lo que tenía que comer y las cosas que debía hacer para protegerme a mí y a mi bebe”, recuerda Feldi. “Entonces me sentí muy bien porque vi como pasaba el tiempo y sabía que mi niño estaba sano”.


El éxito de las visitas médicas, reside en los líderes comunitarios. Mujeres y hombres que no devengan salarios y quienes como retribución reciben únicamente la satisfacción que deja el hacer el bien a la comunidad y “salvar las vidas de las madres”, dice Rene Antonio Sierra, líder comunitario de El Palmital.


Los líderes comunitarios visitan cada casa recabando información. Tienen la responsabilidad de ejecutar el “Censo Gerencial de la Embarazada” que tiene como principal objetivo brindar información al personal de salud acerca de la cantidad de embarazadas que se encuentran en el territorio bajo la responsabilidad de los Equipos de Salud Familiar y Comunitaria (ESCF). Identifican a las mujeres que presentan algún factor de riesgo, a todas aquellas embarazadas, puérperas o mujeres en período post natal que no han acudido a los servicios de salud reproductiva, garantizando de ésta forma su búsqueda y seguimiento para evitar cualquier complicación y garantizar consejería y métodos de planificación familiar.


La estrategia comunitaria ha hecho merecedor del Premio América al Gobierno de Nicaragua y al Ministerio de Salud, por la disminución de la mortalidad materna a con la participación de líderes comunitarios, parteras y la población organizada, contribuyendo así a lograr los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) designado por el Sistema de las Naciones Unidas.


La toma de conciencia entre podría tener un impacto positivo a largo plazo mejorando la calidad de vida de estas mujeres y sus hijos, pues el acceso a la información les permitirá a ellas transmitir el mensaje a una nueva generación que tomando decisiones informadas podrá labrarse un futuro mejor.